jueves, 7 de enero de 2021

EL AÑO EN QUE ENVEJECIMOS APRESURADAMENTE


  A punto de dar portazo a este fatídico 2020, aunque posiblemente este post sea editado en el 2021, me reúno con mi ya antiguo blog para hacer ese balance positivo que este año, más que ninguno, nos han publicitado que debemos hacer, en compensación a la falta de libertad, las numerosas muertes y la ansiedad y hastío social que nos ha reglado este maravilloso virus SARS-CoV-2. 

Lógicamente, lo que se dice un año positivo, no ha sido, en lo referente a dinamismo social, que es de lo que pretendo hablar; ¡ni el mismísimo Buda le hubiera encontrado esa "armonía espiritual" especial...! No obstante, no queda otra que rebuscar y encontrar algo mínimamente  novedoso que compense tanta frustración y pérdida de oportunidades vitales. Así que se me ha venido una idea en mente que, aunque paradójicamente pueda resultar negativa, ¡no lo es en absoluto!: este 2020 hemos aprendido a valorar el envejecimiento. ¡Sí sí digo bien!, no me refiero a la sabiduría, (que es la consecuencia directa a la aceptación de lo que he dicho), si no a ensalzar y aprender de las fortalezas mentales de la vejez. Y es que, qué es ser un anciano?: una persona que, por sus circunstancias sociosanitarias, ha de aprender a vivir una vida sin muchas experiencias excitantes, tranquila, con constantes autocuidados, escasa vida social, pasando gran parte de su tiempo dentro del hogar... Y a qué nos recuerda esto...? 


Este año todos hemos podido experimentar cómo viven los ancianos, y nos ha acercado a comprender su mayor tormento: la muerte; puesto que el Covid, a pesar de que ha atacado especialmente a ese círculo poblacional, también se ha llevado por delante a personas jóvenes. 

Por lo que nos ha dado la oportunidad de valorar más aquello a lo que irremediablemente estamos abocados: el envejecimiento. Y, en consecuencia, a dar valor a aquellas enseñanzas que se derivan de esta casuística y situación vital añeja: vivir confinado y en permanente alerta sanitaria. "Obligándonos" a ser más selectivos a la hora de elegir con quiénes nos arriesgamos a salir, a intensificar nuestros hobbies, a no enfrascarnos tanto en aquellas cosas que dependen de la valoración social; a contener nuestros impulsos, a ser más positivos, a buscar nuevas excitaciones y pasiones... A aprovechar de un modo más inteligente y productivo nuestra vida real, a aceptar lo que nos viene y a dejar de vivir, (dentro de lo humanamente posible), en el "desearía" "necesito" "merezco"...

A valorar las cualidades extraordinarias que han adquirido nuestros mayores para encontrar todas esas ventajas en sus vidas monótonas y tristes, (por  muy fuerte y jovial que sea una mente es imposible no sentir tristeza ante la falta de expectativas), día tras día, y sin fecha límite... Proporcionándonos, por consiguiente, una reestructuración de nuestra escala de valores y pensamientos, ¡¡mucho más ventajosa para ti, y  para todos!!: puesto que te enfrenta al futuro con una mentalidad despierta, real, ¡auténtica! Desear lo contrario, (ser eternamente joven), a parte de ser contra natura, (ya que, al menos de momento,  nuestro reloj biológico va hacia delante); solo nos recuerda aquello que vamos perdiendo con cada latido y exhalación: nuestro ¿rejuvenecimiento...? Y aspirar a serlo "solo en espíritu", como se suele decir, no tiene sentido alguno; puesto que la juventud es "alegre y jovial" no por sus pocos años, si no por las circunstancias externas que la rodean, y su infinito futuro. Mentalmente están pez, y la sabiduría no es su fuerte, precisamente... ¿Seguiremos dándole después de esto el mismo valor a ser "joven de espíritu", o más bien cambiaremos el concepto por ser "anciano de espíritu", (y físicamente jóvenes y potentes)...?, (es bonito pensar que sí jeje).

¿Os imagináis de tener los ancianos las mismas oportunidades vitales y energías de la juventud, cómo aprovecharían el tiempo, y de qué modo...? Si las personas mayores pudieran posicionarse en un cuerpo joven; disfrutarían más de la vida, tomaría decisiones más acertadas, ¡¡estarían muchooo más motivados que los jóvenes de verdad!! Por lo que es mucho mejor aspirar a tener una mente anciana jeje, y conservar el cuerpo tan sano y atractivo como sea posible, (sobre eso si que no hay duda). Pues la vida no es el tiempo que vivimos, ni las cosas que tenemos, (y de las que hablamos...), si no cómo aprovechamos las que por azar, Dios o "porque yo lo valgo" (jeje), nos vamos encontrando por el camino, incluyendo las que realizamos en sustitución a las que desearíamos poder realizar.