Un buen día, harta de vejaciones y malos tratos gratuitos, decidió que con un cambio de actitud todo se arreglaría: su niñez rota por los abusos sexuales, su posterior matrimonio tóxico, la muerte temprana de sus negligentes progenitores, y todo su "vida de mierda", en general, se redimiría con la culpa. Si se sentía culpable sabía que todo aquello no habría pasado, en cierto modo, se responsabilizaría de los errores de otros y por lo tanto estaría en su mano "cambiarlos", su desprecio y falta de amor hacia ella serían imaginaciones, no realidades. Una forma necia a la vez que inteligente de no afrontar lo inafrontable, de huir de un dolor que no sabía si podría asumir algún día. Era preferible creer en que poseía una tormentosa forma de ser incompatible con algunos mortales, que asumir el echo de que le habían negado, desde su niñez, el derecho que solo por nacer toda criatura posee: el amor incondicional.
Un trauma o su personalidad eran modificables, y carecía del orgullo tonto de los niños consentidos que sufren por honor o por no salirse con la suya; qué era aquello en comparación con la falta de amor básico... aquel que la sociedad dictamina como fundamental para poder desarrollarte. Era menos doloroso creer que todo podía solucionarse con polvos mágicos, con la varita mágica de su firme voluntad, con cuatro nociones de psicología.
Hasta que la lógica y su amor propio volvieran a imponerse, y de nuevo se viera cara a cara con la realidad.
Volveremos a ser felices.
A sentir que los días son soles que irradian nuestro corazón
aún estando nublado,
a sonreír sin justificaciones,
de pura y llana felicidad.
A mirarnos en el espejo sin temor
a ver fantasmas, o sombras del pasado.
A navegar por el asfalto
como si fuera el ancho mar.
Volveremos a intentarlo,
treparemos por el acantilado del deseo, del vigor,
¡de los sueños que relucen solo por ser sueños!
Sin ansiar metas o cimas que nuestra templanza no sepa,
con la seguridad de los felices,
que va a alcanzar.
"The power of love" como dice la canción es lo que nos hace movernos de la casilla; y para salir de imágenes cursis de querubines o guapas parejas adolescentes cacareando e aquí unos ejemplos esclarecedores: el amor al poder de Pol Pot o Hitler, el amor a la Humanidad de Mahatma Gandhi, al arte de Andy Wharhol; el que nos hace dejar una tarea costosa para repanchingarnos en el sofá a rascarnos la tripa, el amor a una película o libro que nos guste... Ese ente que nos inunda desde no se sabe dónde... (bueno si, de nuestros sesos, al igual que solo somos la unión de un óvulo y un espermatozoide), que nos provoca bienestar o pasión de un modo inconsciente; sin tener que calentarnos la cabeza ni replantearnos nuestra vida... Basta con unas cervezas en la hielera, la caricia del sol de principios de junio rozando nuestra piel o esos minutos de prórroga calentitos en la cama...
Ese amor, que si queremos sesgarlo a nuestro favor puede denominarse "amor a ti mismo" o "energía cósmica" o, para los escépticos, mecanismo fisiológico, y que no tiene porque ir reñido con ninguno de ellos o con sentimientos contrarios; es el germen el inicio de todo lo que nos hace bien. Pensemos en lo que estamos viviendo, (seres del futuro es tiempo de Coronavirus), y en las reacciones que están saliendo a flote: millones de personas saliendo al balcón a aplaudir a perfectos desconocidos; de acuerdo, hay algo de interés (animémoslos o no nos sanarán) y de ganas de cachondeo masivo, de fiesta; pero también denota que en España hay mucha bondad; y no solo hacia nosotros mismos... puesto que los aplausos son para los que tienen más mérito que nosotros ahora: los sanitarios. Que somos una nación fuerte, pese a algunas teorías sobre conjuras y poderes en la sombra, que supongo que también motiva el heroísmo de según quién; una nación capaz de amar más allá del amor afectivo, y necesario, de los nuestros. Una España creativa y cachonda que crea chistes y recetas para paliar el aburrimiento, la añoranza o la angustia: es el amor por la vida y hacia los demás, simple y llanamente. El mismo que un día nos hará sentirnos más joviales, plenos y felices, a aquellos que lo están pasando peor.
"Love is in the air...", ¿y por qué no? Toda necesidad en realidad lo está, y eso no significa que no los percibamos por los sentidos: tenemos sed (fisiológica) pero si tenemos la alternativa de un vaso con hielo frente a la de una fuente de parque lamida por los perros nuestra necesidad irá en dirección a... bueno, eso ya es personal. Si algo bueno tenemos los humanos es el poder de hacer de nuestras necesidades creencias para que giren en nuestro favor. Las hay demostrables y lógicas, como la ferviente creencia de la redondez de la Tierra, (recordemos que empezó con una creencia de un loco llamado Galileo) e indemostrables, (y precisamente de ahí reside su fe), como la creencia de Dios, en la que yo sí creo, como una percepción. ¿Así que por qué no elegir como ente abstracto El Amor, como la fuerza que nos empuja a hacer, o deshacer cosas?, solo a través de él podemos quedarnos solo con lo que sentimos que amamos, no con lo que "deberíamos" amar, y deshacernos o olvidar aquello que no nos conviene ni interesa. Una idea puede ser refutada, una percepción, un sentimiento... No.
El amor, el principal motivo por el que solemos venir al mundo, aquello que nos dejan los que se van para siempre y que un día nos amaron. Es la mejor fuerza, la más potente y positiva, para seguir adelante; pues nunca muere, (como fuerza), y siempre conlleva a más amor, pues al confiar en su guía, mecánicamente, ponemos el foco en aquello que nos puede aportar bienestar y más amor.
Pero en fin son "solo" rayaduras, en cualquier caso ¡¡YA QUEDA POCO PARA EL FIN DEL CONFINAMENITO!! Ánimo a todos, en especial a los que vivimos solos, que tenemos más mérito (jeje 😜 ).
"Solo escucha el viento" le dijo una vez alelada contemplando las petunias. Eso le dijo, mirando las flores rojas. Ella, que vivía la vida contemplativa; agazapada entre las cuatro paredes de su dormitorio, rodeada de mimos y cariño. "Solo el viento", que va y viene transportando nadas; solo sueños, esperanzas, imaginación y descanso. El viento que todo lo barre y todo lo destroza. Y si no habría viento?. habría que esforzarse en escucharlo?. ir en su búsqueda...? "Solo escucha el viento", dijo tras el cristal, mirando las petunias rojas que no podría recoger debido a su frágil estado. Como si los sanos estuvieran obligados a vivir todo lo que no pueden los enfermos.
Y se quedó esperando el silbido del viento, mientras éste soplaba en Siberia y otros agudizaban el oído, y creían escuchar hadas, respuestas a sus plegarias, ¡¡recobraban el coraje...!! Mientras soplaba el viento.
Y ella no lo escuchaba, y espero y espero, hasta que se cansó de esperar y salió al jardín a cortar las petunias rojas. ¡¡Entonces sopló un vendaval!!, y volvió a recordar: "solo escucha el viento". ¡¡Y la volvió a ver!!; mientras susurraba el viento.
Solo mientras éste soplaba... le hablaba, ¡le rebelaba secretos y absoluciones imaginarias...! No más. Era demasiado egocéntrica para ir más allá del lirismo de esas palabras dichas en un momento de falsa ilusión; pero poéticas y cargas de superfluo sentido, si no se va más allá. Dichas por otra persona que no era ella, ni era el viento. "Ni era el viento; mamá...", se dijo Adela, y rompió a llorar, se secó las lágrimas; y volvió a rehuir de la tristeza.
Pero el tiempo, que es el espacio de la sabiduría... ¡¡la ayudó a comprender...!!, que el dolor no entiende de culpas ni de imperfecciones; que su presencia se impone a pesar de los escudos, porque nace de dentro. Que tan pronto se anida, crece: ¡¡y se va...!!; como los polluelos que inician el vuelo...
Y miró a su fantasma como lo que era: el pasado de la mujer que, a su modo, más la amó, más egocéntrica que ella misma en su afán de proteger, (y protegerse), del mismísimo amor que le procesaba. Y se vio a ella misma refunfuñada, discutiendo, ¡ambas cabezonas y cobardes!, cercadas en su fortaleza de orgullo y amor miedoso. Viviendo los momentos más dulces auténticos e imperfectos de sus vidas... Y sonrió tiernamente... Puesto que comprendió que, justo cuando no la veía, era el momento en que se hallaba más cerca: ¡¡cuando más la estaba amando!!
Su fantasma, como había sido en vida, solo la incordiaba cuando debía regañarla por no vivir, ¡por culparse!, por enfrascarse en el pasado... Mientras se escondía, tímidamente feliz, cuando su hija Adela vivía lo que ella ya no podía. Esperando, eso sí, que, ¡de una vez por todas!, abonara las petunias rojas.