domingo, 25 de julio de 2021

JOAQUÍN

 

  En recuerdo a aquél cuento de preadolescencia que escribí cuando era casi una niña, "May, (Maite en realidad)".


JOAQUÍN

  Joaquín posó sus bellos ojos verdes en mí por última vez aquel 20 de febrero del 2020, no se despidió de mí, no hacía falta, una amistad de más de veinte años sabe hablar sin palabras; solo un breve gesto en el brazo y un "hasta luego May", y crucé el umbral blanco sin mirar atrás. Nunca le ha gustado que le vean llorar, aunque no se corta de hacerlo si su imponente naturaleza se lo dicta; fue una de las cosas que más me llamó la atención de aquel gallardo muchacho de diecinueve años que, cada tarde, iba a recoger a su hermana pequeña de clase de inglés montado en su Harley-Davison; pero a los doce años, una es demasiado niña para comprender la belleza de un hombre joven que no se inhibe al llorar en público.

  A mis doce años, Joaquín era mi amor platónico: ¡mi primer gran amor!, siempre permanecerá en mí la impresión de su primera imagen: alto, fuerte (su tiempo de gimnasio le llevaba), con ese moreno playero y esos grande y hermosos ojos verdes... intimidantes aún cuando no pretendían provocar; y esa hermosa sonrisa perfecta que daba luz a su bello rostro. Era Joaquín todo un chulito de barrio por aquel entonces: el líder de su grupo de amigos, ¡el rey de las nenas!; un astuto muchacho juerguista y simpático, siempre frenado por su enorme corazón... Pero decir de Joaquín que era el prototipo de chico exitoso sería faltar a su persona; en primer lugar, porque era demasiado completo y espiritual para que algo así le llenara de felicidad; en segundo, porque no existe ser más inclasificable que Joaquín: un muchacho fan de las pelis de Terminator y Jackie Chan al que le gustaba jugar a muñecas con su hermana pequeña, ¡tan fan de AC/DC como del ballet clásico! ¡Cómo se emocionaba viendo "el lago de los cisnes" moscovita y a su bailarina principal, Irina Vasiliev...!, "el cisne más bello del mundo", la llamaban: ¡su gran amor platónico!; de la que hablaba con la veneración que se rinde a una diosa, (en parte, para rabiarnos a las que estábamos loquitas por él jeje); y por aquellos días también se obsesionaba, ¡¡hasta rabiar!!, con las adivinanzas del filósofo-violinista Genki Tanaka: otro de sus ídolos de carne y hueso, que dirigía ese programa que se hizo tan famoso del que no recuerdo ahora el nombre. Y es que en el joven Joaquín convergían el aplomo y amplitud mental de un hombre sabio, con la inmadurez emocional de un muchachin más joven que él, (o de un desequilibrado mental, cosa que en realidad es). Pero estas rarezas, le hacían más humano y encantador... él es así, necesita sus tiempos y sus espacios, sus paseos en solitario por el monte... Y "en sus tiempos de locura", como decía su hermana Lisenda, era mejor dejarle en paz, pues su orgullo le impedía admitir cualquier "consideración especial"; algunas veces, éstas sucedían en pleno apogeo festivo... Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que le ví llorar: estábamos con sus amigos de fiesta, poniendo a parir a algunos personajes de la generación de "los viejos", cuando le vi como ausente, y al cabo de poco: una lágrima recorriendo su mejilla..."¿qué miras May?, ¿es que tengo monos en la cara?", me dijo antes de que pudiera pronunciar palabra, "no, pero te cae una lágrima", " a mí me cae una lágrima y a tí no, ¡¿y...?!"; Lisenda me dijo algo al oído: "déjale, cuando se pone con sus locuras es mejor dejarle estar", y tras ese día, tardé años en volverle preguntar. A Dios gracias, esto ha cambiado, y ahora solo dice amablemente: "cosas mías, si quiero contarte algo ya te diré"; y muy pocas veces cuenta... ¡Pero es un loco encantador!, sus amigotes le adoraban: su modo de hablar poseía esa picardía astuta pero inocentona que les gusta a los chicos de esa edad, y siempre invitaba a rondas, te cogía por el cuello, !ensalzaba tus logros...!; haciéndonos a todos camaradas... ¡incluidas las chicas!; sustituyendo, en este caso, las bromas groseras con alguna coquetería inocentona. Pues cuidaba mucho de sus amigas, y en especial de su hermana Lisenda y de mí, que éramos las mascotitas del grupo.

Por aquellos días yo empezaba a salir con un chico, Jaime, un niño guapo, listo y bueno; pero mi Joaqui... ¡¡mi Joaqui era, y es, un microcosmos en sí mismo!!


  


jueves, 7 de enero de 2021

EL AÑO EN QUE ENVEJECIMOS APRESURADAMENTE


  A punto de dar portazo a este fatídico 2020, aunque posiblemente este post sea editado en el 2021, me reúno con mi ya antiguo blog para hacer ese balance positivo que este año, más que ninguno, nos han publicitado que debemos hacer, en compensación a la falta de libertad, las numerosas muertes y la ansiedad y hastío social que nos ha reglado este maravilloso virus SARS-CoV-2. 

Lógicamente, lo que se dice un año positivo, no ha sido, en lo referente a dinamismo social, que es de lo que pretendo hablar; ¡ni el mismísimo Buda le hubiera encontrado esa "armonía espiritual" especial...! No obstante, no queda otra que rebuscar y encontrar algo mínimamente  novedoso que compense tanta frustración y pérdida de oportunidades vitales. Así que se me ha venido una idea en mente que, aunque paradójicamente pueda resultar negativa, ¡no lo es en absoluto!: este 2020 hemos aprendido a valorar el envejecimiento. ¡Sí sí digo bien!, no me refiero a la sabiduría, (que es la consecuencia directa a la aceptación de lo que he dicho), si no a ensalzar y aprender de las fortalezas mentales de la vejez. Y es que, qué es ser un anciano?: una persona que, por sus circunstancias sociosanitarias, ha de aprender a vivir una vida sin muchas experiencias excitantes, tranquila, con constantes autocuidados, escasa vida social, pasando gran parte de su tiempo dentro del hogar... Y a qué nos recuerda esto...? 


Este año todos hemos podido experimentar cómo viven los ancianos, y nos ha acercado a comprender su mayor tormento: la muerte; puesto que el Covid, a pesar de que ha atacado especialmente a ese círculo poblacional, también se ha llevado por delante a personas jóvenes. 

Por lo que nos ha dado la oportunidad de valorar más aquello a lo que irremediablemente estamos abocados: el envejecimiento. Y, en consecuencia, a dar valor a aquellas enseñanzas que se derivan de esta casuística y situación vital añeja: vivir confinado y en permanente alerta sanitaria. "Obligándonos" a ser más selectivos a la hora de elegir con quiénes nos arriesgamos a salir, a intensificar nuestros hobbies, a no enfrascarnos tanto en aquellas cosas que dependen de la valoración social; a contener nuestros impulsos, a ser más positivos, a buscar nuevas excitaciones y pasiones... A aprovechar de un modo más inteligente y productivo nuestra vida real, a aceptar lo que nos viene y a dejar de vivir, (dentro de lo humanamente posible), en el "desearía" "necesito" "merezco"...

A valorar las cualidades extraordinarias que han adquirido nuestros mayores para encontrar todas esas ventajas en sus vidas monótonas y tristes, (por  muy fuerte y jovial que sea una mente es imposible no sentir tristeza ante la falta de expectativas), día tras día, y sin fecha límite... Proporcionándonos, por consiguiente, una reestructuración de nuestra escala de valores y pensamientos, ¡¡mucho más ventajosa para ti, y  para todos!!: puesto que te enfrenta al futuro con una mentalidad despierta, real, ¡auténtica! Desear lo contrario, (ser eternamente joven), a parte de ser contra natura, (ya que, al menos de momento,  nuestro reloj biológico va hacia delante); solo nos recuerda aquello que vamos perdiendo con cada latido y exhalación: nuestro ¿rejuvenecimiento...? Y aspirar a serlo "solo en espíritu", como se suele decir, no tiene sentido alguno; puesto que la juventud es "alegre y jovial" no por sus pocos años, si no por las circunstancias externas que la rodean, y su infinito futuro. Mentalmente están pez, y la sabiduría no es su fuerte, precisamente... ¿Seguiremos dándole después de esto el mismo valor a ser "joven de espíritu", o más bien cambiaremos el concepto por ser "anciano de espíritu", (y físicamente jóvenes y potentes)...?, (es bonito pensar que sí jeje).

¿Os imagináis de tener los ancianos las mismas oportunidades vitales y energías de la juventud, cómo aprovecharían el tiempo, y de qué modo...? Si las personas mayores pudieran posicionarse en un cuerpo joven; disfrutarían más de la vida, tomaría decisiones más acertadas, ¡¡estarían muchooo más motivados que los jóvenes de verdad!! Por lo que es mucho mejor aspirar a tener una mente anciana jeje, y conservar el cuerpo tan sano y atractivo como sea posible, (sobre eso si que no hay duda). Pues la vida no es el tiempo que vivimos, ni las cosas que tenemos, (y de las que hablamos...), si no cómo aprovechamos las que por azar, Dios o "porque yo lo valgo" (jeje), nos vamos encontrando por el camino, incluyendo las que realizamos en sustitución a las que desearíamos poder realizar.