"Vamos
demonia, te estoy esperando...", cierra los ojos mientras espera su
efecto. Impaciente, sale de casa pegando un portazo. Esta noche no se ha
llevado la guitarra y los efectos de la coca no tardarán en aparecer, necesita
tener su momento euforia cuanto antes, antes de que le de el bajón. Va al bar
de su amigo "¡ey!, ¿qué hay por aquí?", "poca gente pero hay que
hacer caja", sonríe asintiendo con la cabeza y observa el panorama, un
grupo de jovencitos y dos maduritas que le escrutan desde la mesa, "demasiado
feas, ¿no?", dice el amigo desde la barra, él sonríe y las sonríe
"una cosa es que no me gusten y otra no gustar", se dice para sí; y
recuerda a su guapísima última conquista "tan poquita cosa y tan puñetera
jaja", le ha cogido algo de aprecio, ¡el puto término medio!; ¡no se lo
podía permitir! Siempre había sido del todo o nada, era su forma de vida
"¿verdad que sí demonia...?"; y así conoció a su eterna amante: la
cocaína. Siempre había sido así, desde pequeño, con el monopatín o se tiraba
desde la pendiente más alta o ponía baches para hacer caer a los demás,
"un vividor canalla orgulloso de serlo jaja. ¿Realmente merezco conocer la
vejez?" No obstante, de viejo también se vive, y eso de por sí ya es
intenso: "pero no con ella". Y de sus intimidantes ojos verdes
brotaron dos lágrima liberadora; las "viejas" le miraron con más
interés, pero sabe que aquellas mujeres no le excitarían ni drogado y regresa a
casa ¿Qué hará para aprovechar la "inspiración"?; necesita, ¡quiere!,
sacarle todo el jugo a "su amante", se lo debe: ella ha arruinado
demasiados momentos de su vida. "Ramera hija de la gran puta...".
Y entonces...
