
Es curioso cómo cuando hace buen tiempo solemos estar de mejor humor. Los edificios sacan sus colores, el palomo copula con la paloma y nosotros mostramos los mejores modelitos puesto que, casualmente, es en primavera y verano cuando la ropa es más mona. A la mayoría de la gente le gusta el buen tiempo más que los días nublados; a mí las tormentas vistas desde casa, los días nevados y la niebla me parece que tienen mucho encanto, puede que incluso más que los días primaverales. Pero volviendo al genérico: ¿es la mayor exposición al sol lo que nos hace más "felices"? Si pudiéramos mirar más de dos segundo el Sol de frente sin quedarnos ciegos, solamente el Sol, ¿qué tiene de bonito? ¿Y la temperatura…?, ¿nos pondríamos tan contentos si en los días de sol siguiéramos llevando abrigo o si decretaran que al subir las temperaturas se convocara un largo período de abstinencia? No creo, ¿no? Es sin duda la conjunción de circunstancias agradables lo que hace bonita la ciudad, (¡o el florido campo!), en esos días; haciéndonos sentir mejor.
Durante las guerras apenas hay creaciones artísticas, también hay días de verano, ¡y de primavera!; pero están teñidos de sangre y pierden todo su sentido bucólico-romántico ante la catástrofe. Es cierto que han habido escritores pintores escultores, (también no reconocidos)... que han seguido su obra durante los tiempos difíciles. Pero la influencia negativa en su entorno se ve plasmada en sus cuadros o libros, (etc). Además, como el mundo no está para pensar en el arte a falta de pan, tampoco trascienden sus obras y “no nacen” nuevas figuras. Goya cambió completamente de "estilo" durante y tras la Guerra de la Independencia. Podía haberse limitado a documentar lo que ocurría; pero un artista se entrega al arte, fundamentalmente, por amor, no por justicia. Se dice de ellos… ¡que sienten una pasión muy fuerte que les llena el alma!, o al menos así lo dijo el amigo de Szpilman en “El pianista” (Roman Polansky): “a mí un músico ¡me robasteis mi alma, me robasteis mi violín!”, y el celuloide nunca miente. Goya podía haber dejado el arte atrás, pues a ningún amante le gusta volver con su amada cuando las fuerzas le fallan; si tenía la necesidad de gritar al mundo lo que sentía podía haberlo hecho a través de otros medios mucho más populosos o alistándose a las tropas. Y sin embargo sólo la pintura le salvó, quizás, de la completa locura, de su soledad… ¡sus cuadros le daban vida!; aunque no quisiera representar en ellos ninguna belleza. Tampoco le era necesario; el sólo hecho de entregarse a ellos ya es un acto de amor frente a las penurias de la guerra: Es de gran belleza. Es la búsqueda de aquello que nos inunda los sentidos de forma placentera y a su vez nos llena, lo que nos hace distinguir una obra de arte del Arte. Algo similar le sucedió a Rembrandt tras la muerte de su esposa e hijo, su “estilo” cambio; pues para él su vida ya no era bella así que lo demostraba con el lienzo, transformando su angustia vital en arte. Uniéndose a la inevitable enemiga, embelleciéndola: Retratándola… Hermosear la desesperación más mortífera es Belleza Pura; diría más: es una de las esencias del “arte”. No afirmo con esto que los artistas quieran un mundo de colorines para todo el mundo mundial, ni que sean más buenos, ni que tengan que estar atormentados para llegar a la fama, (aunque hay que reconocer que el “genio sufrido” es un método de lo más lucrativo), eso es morbo, no belleza. En realidad ellos no tienen porque entenderla mejor que nosotros, mortales comunes. Pero la finalidad, al menos la principal, de su trabajo consiste en plasmarla, ya sea en el objeto ya sea generando sentimientos en el espectador, y eso la distingue de cualquier otra profesión.
No obstante crear belleza no es sólo exclusividad del artista, la Belleza puede surgir de la inmoralidad más descarada... Nadie que haya leído el libro "La moral en la época del Rococó" podrá ver mucha hermosura interior en la nobleza europea del siglo XVIII y, (igual para contrarrestar), los nobles y reyes absolutistas no concebían el mundo sin rodearse de joyería, palacios, bellos jardines, lujosos vestidos, hermosos carruajes, etc. Ni comprendían el concepto de ahorro cuando el Tesoro iniciaba su decadencia… Ellos ni podían concebir un mundo sin sus “frívolos” artilugios, eran incluso más importantes que el valor del dinero. ¡Ni el más insustancial de los mortales perdería sus papeles por la riqueza si ésta no tuviera más sentido que el papel o el oro! Pues, ¿por qué no decirlo?, la Belleza también entiende de moda, privilegios sociales y poder. Y que ésta no sea tan elaborada no quiere decir que tenga menos importancia que la mística-espiritual. De hecho, históricamente, le debemos más al arca y al territorio que al idealismo con que los disfrazan. Y, volviendo a la nobleza del Rococó, ¡hay que reconocer que son realmente bellos los artilugios de aquella época! Es un principio que todos tenemos en común, de los pocos que todos compartimos, personalizándola cada uno a nuestro antojo. ¡Incluso la Gomorra italiana!; igual no tendrán una opinión muy hermosa de la belleza interior o la belleza de los ideales, pero no le faltará al capo una hermosa casita, un coche lujoso, mujeres guapas...
Si vemos una foto de bin Laden cogiendo a su hijo, (suponiendo que lo tenga), tiernamente… con un paisaje de fondo de esos de lago con cisnes igual nos sale una carcajada por ser quien es, ¡pero en el fondo nos parece una foto simpática!, y por un instante seguro que olvidamos que se trata de uno de los peores asesinos mundiales. Nosotros mismos experimentamos el poder de las cosas bellas cuando nos mandan mensajitos chorras de "seré siempre tu amigo mándalo mil veces y el mundo será mejor" y nos salen aquellas fotos de patos con gatitos y ríos entre montañas heladas flores de mil colores... No nos cambia la vida pero nos hacen un poco más felices y eso que es una chorrada, ¡¡y encima suelen ir cargados de las más terribles amenazas!! ¿Y cuántas veces no nos hemos salido de las durezas de la vida soñando una casita idílica en la Polinesia con el hombre o mujer de nuestros sueños o narcotraficando por el Bronx, (hay que respetar todos los sueños)? A veces hasta tiene una importancia vital, ¡de subsistencia!; ¡que no teníamos móvil y ya pintábamos bisontes por las cavernas!
Pero, para mí, no hay nada tan valioso como la Belleza irreconocible; aquella que sólo nosotros somos capaces de concebir, la que cada uno se crea y resguarda como un tesoro exclusivo, por mucho que lo comparta. Ya se trate del físico de un muchacho o de hacer una apología de la misma… Hace años conocí a un personaje muy particular: una asistenta argentina. Esta chica tenía una hija, su marido había muerto y estaba en España para hacer dinero y mandárselo a la niña. Daba bastante lástima: se drogaba, bebía como un cosaco y se le llenaban los ojos de lágrimas cada vez que escuchaba alguna canción de su tierra, cosa que sucedía constantemente... Esta chica era actriz y mientras luchaba contra su mal estando aquí, en España, llenaba sus horas muertas con un proyecto en el que unía a los artistas de la calle para salir adelante, de forma completamente voluntaria. Estaba empeñada en ver la belleza de la vida; cuando no tenía nada que decir hacía el mimo y aprovechaba para ganar en expresividad, decía cosas como "¡yo próximamente tendré el Reto de ser camarera!" para darse ánimo y no abandonar su lucha: En esencia todo tiene su encanto. ¡¡Y estaba lejos de plantearse gestas heroicas del tipo "dedicar enteramente mi vida sólo a los demás"...!!, yo diría que nada más lejos que eso. Simplemente era muy consciente de la importancia de la Belleza en la vida, la necesitaba porque sin ella se asfixiaba; y fue su falta, (una de ellas), la que la ahogó y la llevó al mundo de la drogadicción. El proyecto, si bien no la hizo más segura y feliz, sí recuperó, plenamente, lo que para ella era bello: su humanidad.
¡Y cuánta gente se ha suicidado sin aparente razón...! Personas acostumbradas a la soledad y a las miserias de la vida que un día se dan cuenta de que ya nada les motiva y deciden dar el último paso... A pesar de que, precisamente, en las adversidades es donde da más gusto crear ilusiones; ya que no hay mayor arte que el de ayudarte, de crearte, a ti mismo. Como más fealdad haya para embellecer, ¡más poderosa se sentirá nuestra Amiga! Aunque es justo apuntar que salir o no de una situación difícil no es labor única de la Belleza, que, para tales casos, por sí sola no vale de mucho.
Y hay bellezas que surgen de la “nada”, que sólo fabrica nuestro subconsciente, más sabio que nuestro “yo”, intuyendo que sin Ella no sabemos más que existir. Es el caso de Aham: un dependiente de supermercado iraquí acostumbrado a oír las bombas sobre su cabeza, resabido de todo tipo de miserias y desgracias. Vino a España, solo, (aunque también estuvo en su época estudiantil y era bastante feliz), a Madrid, donde tanto soñó estar de pequeño... Tenía trabajo, dinerillo y estaba donde quería... Y sin embargo se sentía más desgraciado que durante los bombardeos, pues su vida había perdido por completo su sentido al no ajustarse sus ensoñaciones a la realidad. Él pensaba que consiguiendo lo que ya tenía y cumpliendo su sueño de niñez se sentiría feliz aún no disponiendo de amigos ni familiares cercanos. Todo a su alrededor era tedioso, insustancial y feo y eso estuvo a punto de llevarlo a la depresión. Pero, sin proponérselo, la misma rutina le enseñó el modo de salir del círculo y sentirse orgulloso de sí mismo; ayudando a un viudo a recuperar la esperanza.
Y ya hablando de ficción y retornando al arte, ¡cómo no conmoverse con el entrañable personaje de Léolo, (Léolo de Jean-Claude Lauzon)!, ese inteligentísimo niño lleno de talento encerrado en una jaula de locura, miseria y desgracias familiares, que le llevaban a tener por único consuelo los libros y su diario... Como decía una y otra vez con una extraordinaria y aterradora lucidez: "porque sueño, no lo soy…”.
La belleza, algo tan anquilosado y estigmatizado en nuestra sociedad actual; en su conjunto es tan abstracto, o más, que la felicidad: Es, sencillamente, el Placer intelectual y/o emocional que, sentimentalmente, nos eleva más allá de la rutina.